sábado, 17 de enero de 2009

Más música...

Sí, soy muy irregular. Puedo pasarme días escribiendo y escribiendo (no necesariamente en el blog) y luego no querer teclear más de lo necesario para leer el correo (que no contestarlo) que me llega a casa.

Nuevo año, nuevo intento. El blog, como yo, sigue vivo. Me asomo por la ventanita de forma irregular...

... Y esta vez lo hago con una sola intención: dejar constancia del concierto que dimos en diciembre de 2007, y que este año (el 3 de enero) se volvió a emitir por televisión. Obviamente, en horario de máxima audiencia... cultural, es decir, las 8:00 a.m.

Y ahí queda el link. Por si a alguien le interesara verlo (aunque si pretende verme a mi, mal asunto... me sacan muy poquito). Aunque sobre todo lo hago para no perderlo yo misma.

Oratorio "Alexander's Feast" y "Oda a Santa Cecilia", Haendel

En diciembre de 2008 dimos otro concierto... pero ese no lo grabaron... qué lástima.

viernes, 1 de agosto de 2008

Música

Hacía tiempo que quería añadir aquí un toquecillo musical que estuviera en consonancia con el "banner" (llamémosle así, aunque sea una forma generosa de hacerlo) de este blog.

Páginas de donde obtener música y pegarlas al blog, foro o lo que sea seguro que hay muchas. Pero como yo soy una vaga tremenda... especialmente en lo que concierte al PC últimamente, me decanté por una página (la única que he visitado) que saqué de un foro (llamémosle así también).

A nadie que me conozca le puede extrañar que busque música clásica... de hecho sospecho que para algunos incluso les sorprendería mucho que, de poner música, no la pusiera de clásica. Y la verdad es que, ahora mismo, es la que más me apetece. Así que me dirigí al apartado de clásica a ver qué me ofrecían.

La verdad es que me he quedado muy pero que muy asombrada, no necesariamente para bien: no descarto incluso cambiar en un futuro el lugar al que hace referencia la dichosa etiquetita, es decir, sustituírla por otra de otra página de similares características... Y esto lo digo porque, ya que dicha página permite que cualquiera suba la canción que desee en la versión que desee y con el nombre que desee a la página, al menos podría tener la sana intención de clasificarla correctamente.

O a lo mejor es que yo ando equivocada y cuando me voy a una pestaña que pone "Classical" imagino que voy a encontrarme música clásica...

Muy desencaminada no he debido de ir, porque ciertamente me he encontrado con "lo típico típico" (es decir: canon de Pachelbel, Beethoven para aburrir, Bach para aburrir, Mozart para ídem...) además de alguna joyita (hay por ahí una -¡¡gracias!!- piecita de Jordi Savall... qué pena que el que lo subió a la página no pusiera ni la obra ni/o el autor... se ve que el intérprete es lo más importante).

Pero también me he encontrado... ¿cómo decirlo?, un poco de todo. Desde Louis Armstrong y John Lennon... que puedo entenderlo... hasta una introducción de "Saint Seiya", "Dragon Ball" o "Naruto" como ejemplo; en cambio no encontré las de "Heidi", "Marco" o "La abeja Maya"... qué decepción...

Total, que tras una pugna entre el Zapateado de Sarasate, la joyita de Jordi Savall y uno de los movimientos de la Suite Bergamasque de Debussy... el ganador fue este último.

Y eso por varias razones... a saber:
- que soy pianista, aunque ya apenas toque
- que mi compositor favorito para piano (que no "compositor en global") siempre fue Debussy
- que llegué a estudiar la Suite Bergamasque completa como si la fuera a presentar a examen cuando todavía pensaba en hacer el grado superior de piano (esa obra -completa- entraba en noveno curso)... O incluso cuando pensé que octavo de piano era más que suficiente y me dediqué a mis otros estudios, esa obra siempre fue una de las que utilizaba para despejarme y olvidarme un poco del mundo que me rodeaba... O dicho de otra forma, para crear el que me sugerían sus cuatro movimientos.

Y es que... ¡me encanta este impresionista!

miércoles, 30 de julio de 2008

Sensaciones de fatalidad

Algunas veces me levanto de la cama con la sensación de que ese día sería mejor que transcurriera lo antes posible. Es “un mal día”. Pocas veces sucede, la verdad. Pero lo malo es que en esos momentos en que recorro el camino desde la cama a la ducha aún no ha sucedido nada que me haga pensar que pueda ser así. Y lo peor es que cuando me levanto así realmente se cumple que llega a ser “mal día”.


Probablemente sea sugestivo y todo lo que suceda a continuación me lo tome a la tremenda... Aunque de todos modos no me estoy refiriendo a que mi predisposición esos días sea negativa, porque de hecho cuando eso sucede, siento un poco de pánico y trato de razonar para tratar de concluir que unos pocos segundos no son suficientes para determinar el carácter de mi día. Y trato de sonreír…


Y sin embargo…


Sin embargo suele ocurrir que recibo una noticia, de las que no me gusta recibir. Nunca es trágica, pero es suficiente para que me desanime el resto o buena parte del día.


La última vez ocurrió el día que nos confirmaron en la empresa lo que ya venía siendo un rumor a voces: que la subida de julio no se iba a realizar.

Y la previa, cuando un compañero que trabaja en mi proyecto me comunicó que “sí, o sí” abandonaba el proyecto: bien porque se iba de la empresa, bien porque pedía el cambio (y él sabía perfectamente que era una mala noticia para mi… y no solo para mi).


Hace un par de días me pregunté por qué, si realmente lo anterior se cumple, no tengo esa misma sensación para imprevistos de carácter… mmmm… físico.


Porque el pasado 25 de julio, día de Santiago, nada me hizo pensar que el momento de irme a dormir iba a transcurrir de otra forma a como suele ser cuando estoy de vacaciones en la casa castellana de mis progenitores: despedirme con un “buenas noches” y subir las escaleras de la casa de León hasta mi cuarto. Así debería haber sido…


Así… y no con un resbalón en el primer peldaño de acceso al patio que me desequilibró para pisar en buenas condiciones el segundo… y que me hizo recorrer el espacio hasta el tercero (unos tres pasos) más bien corriendo de lado que andando, encarar ese tercer peldaño de cualquier forma, y aterrizar -como si me tirara de cabeza en una piscina- contra la fuente que adorna ese espacio abierto.


Hace años que no me caigo, así que la impresión es mala por dos razones:

- la primera por la sensación de “serás inútil” que registra el cerebro y que hace que te rías de tu propia incapacidad en un intento de conservar la dignidad

- la segunda, porque “solo los críos son de goma” (hasta cierto punto, entiéndase), y una ya está un poco mayor para andarse cayendo.


Y es que mi mano derecha paró casi todo el golpe… o más bien, mi pulgar derecho. El resto se repartió entre el muslo izquierdo, la rodilla derecha, la parte inferior de la mandíbula izquierda y las costillas de la zona izquierda también. Además de que me mojé, claro. Es lo que tienen las fuentes: agua.


Ahora mismo me gustaría ver la imagen grabada, porque pareció que me tiré a abrazar la fuente, así que, desde ese punto de vista, incluso es gracioso… por decir algo.


Pero el resultado fue tres horas en Urgencias para ver si me había hecho algo en la mano (se me hinchó el dedo y apenas podía doblarlo, además de que me dolía muchísimo incluso aunque lo metiera en agua con sal y vinagre)… y felizmente me complace anunciar que solo tengo una “contusión postraumática” (curiosa expresión… aunque yo no soy quién para mofarme de ella) en la mano derecha, que no requiere más que paciencia, pero que “cómo duele la cabr…”


La cuestión es… ¿habría preferido tener la sensación de que algo así me iba a pasar y estar preparada para ello anímicamente?


Definitivamente: no. El día había transcurrido estupendamente hasta ese momento.

Así que, y como algo extensivo, me gustaría no volver a tener esas sensaciones de fatalidad: no sirven más que para sufrir durante más tiempo acerca de lo que no podemos evitar que ocurra.

sábado, 8 de marzo de 2008

Los otros conciertos

Comenté no hace mucho (bueno, hace casi un mes) que me invitaron a asistir un concierto. Fue un concierto que pertenece a un ciclo que realiza la Fundación Scherzo. Hasta donde yo sé, los intérpretes que traen para dicho ciclo son de lo mejor del mundo, y aunque yo no me puedo comprar los abonos para asistir al menos a los conciertos de piano (no sé si hacen otro tipo de conciertos), un amigo (extraño, atípico y curioso donde los haya, pero creo que ya empiezo a entenderle), si no puede asistir a los mismos, me regala la entrada.


Así sucedió con el que dio Sokolov.



Y ahora podría hablar de lo que supuso para mi ese concierto de piano… de su interpretación de las dos sonatas de Mozart que tocó, y de por qué no me gustaron del todo; o de su magistral interpretación de los preludios de Chopin; o de la cantidad de bises que le hicimos tocar…


Pero no voy a hacerlo. Voy a hablar del otro concierto… del ofrecido por el público.


Porque sí, es cierto, el público (más bien parte del público) que acude a los conciertos también ofrece el suyo. Al menos el español, en toda la geografía. Y lo destaco porque mi experiencia me dice que el francés es diferente: guarda silencio sepulcral, aplaude educadamente siempre, y si la interpretación le ha gustado mucho, aplaude “a ritmo”. Como en el concierto de Año Nuevo.


Los españoles somos más vivarachos que eso, y aplaudimos a sentimiento (o sea, cada uno al ritmo que le da la gana) y gritamos “BRAVO” o… abucheamos. Aunque hasta que yo llegué a Madrid eso del abucheo no lo había visto nunca… y “mi bautizo” fue en la representación de la versión de “La Flauta Mágica” que hicieron “La Fura dels Baus”… en el que la gente que fue a ver la ópera de Mozart salieron preguntándose qué era lo que habían visto y fueron los que abuchearon (con el consabido BUUUUUU, pero también con gritos de “VAYA MIERRRRDA”)… y los que ya sabíamos de lo que eran capaces estos monstruos de la escena (dicho sin sentido peyorativo, conste), salimos bastante divertidos…


Sin embargo, tampoco quería referirme a este tipo de recitales que ocurren “al final” de cualquier concierto, y que, de alguna manera, forma parte del protocolo… Me refiero a lo que sucede “durante” el verdadero concierto.


Y noooooo, no me refiero a los aplausos fuera de tiempo, es decir, entre tiempo y tiempo de una obra, con que nos deleitan algunos entusiastas. Porque estas interrupciones son comprensibles, ya que casi siempre vienen de gente que desconoce la obra, la “parafernalia” de la música clásica (que implica que en un concierto –ojo que en la ópera y en la zarzuela esto no aplica- se aplaude solo al final de la obra, no al final de sus partes intermedias), pero que aplauden porque les gusta la interpretación. Y en el fondo, eso no nos disgusta.


Me refiero a las toses.


“Qué insensible”, se podrá pensar. De ninguna manera. Y me explico: no se puede pretender que solo acuda gente que no tenga gripes o catarros a un concierto. Pero resulta muy extraño que se haga el silencio durante una interpretación pero que cuando se llega al final de un tiempo (que no sea el final de la obra) se escuchen toses y carrasperas “demasiado sonoras” (si fueran discretas, serían normales y lógicas) como si todo el público (y no solo una parte) estuviera enfermo. De verdad que intimidan. Hace más bien sospechar de cierta actitud que dice “eh, que sé que aquí no tengo que aplaudir, pero no es un silencio de la obra, sino un final de tiempo… y me lo sé perfectamente”. Porque he de decir que esta circunstancia solo la vivo en el Auditorio Nacional… algo que no deja de ser curioso… y que es lo que me hace sospechar esa actitud.


Porque si uno tiene tos, realmente la tiene en cualquier momento, y tose. Es cierto que a veces aguantas el deseo de hacerlo y aprovechas esos “intermedios” para ello; pero no sé, a veces suena tanto, que realmente uno se asombra. Por lo menos a mi siempre me ha asombrado. Y mira que yo he acudido con catarros a varios conciertos…


Sin embargo esto no es taaaaan importante…


Porque lo que sí que lo es, es que luego está la parte del público que se siente ofendido porque a alguien le dé la tos. Vale, es cierto que desluce la interpretación principal, pero la pobre persona que sufre el ataque, ¿qué va a hacer? Bastante mal lo pasa ya, déjale que tosa… Pues no. Siempre está la facción “chistante” (sí, es un “palabro”) que hace eso: chistar pidiendo silencio. Y eso, el chistar, sí que molesta.


Luego aparece la típica señora que además dice “SILENCIO” (bueno, lo grita), eso sí… a veces entre tiempo y tiempo, con lo que surgen otra vez los que chistan y una se pregunta “¿Pero dónde me he metido?”


Es cierto que hay medidas que se pueden tomar, que salen del sentido común, para que la circunstancia no genere tanta indignación… De hecho, si no recuerdo mal, en el Euskalduna de Bilbao recomiendan por megafonía (antes de comenzar el concierto o la representación, claro está) que “en el caso de que se tenga un ataque de tos, si se pone un pañuelo o una prenda delante de la boca, el sonido saldrá amortiguado; de la misma forma, si tiene que tomar un caramelo, si se toma la precaución de haberlo pelado antes de la función, molestará menos al vecino”. En ambos casos gran verdad; y yo recuerdo la cara de estupefacción que puse al oírlo por primera vez. Pero después de haber visto lo del concierto al que hago mención, quizá no estaría de más que incluyeran por megafonía esta recomendación.


Aunque como en este pais nos indignamos por muchas cosas, algunas de lo menos importantes, estoy segura de que incluso el que tose con el pañuelo delante de la boca sería igualmente chistado.


Y finalmente están los caraduras que no apagan el móvil durante la representación. El error humano existe y es cierto que a alguien se le puede olvidar apagar el aparatito… si no fuera porque la megafonía del auditorio lo recuerda expresamente al comienzo del concierto y tras el descanso. Pero supongamos que has llegado tarde y se te ha olvidado… y te llaman. Y te suena. Pues bien, hay que tener verdadera cara como para dejarlo sonar hasta que se acabe la llamada, y ni siquiera después desconectarlo… para que todos oigamos lo mucho que requieren a esa persona en sucesivas llamadas (hasta tres al mismo móvil en el concierto de Sokolov… ¡¡increíble!!).


Todo eso lo sufrí en ese, por otro lado, magnífico concierto. Es una verdadera lástima que los que chistan y los que no apagan el móvil desluzcan un evento de esa magnitud.


El resto… jamás lo hará.

lunes, 25 de febrero de 2008

A veces

Hay días que te recuerdo.


Como el viernes pasado, celebrando un cumpleaños, cuando se me acercó uno del grupo, al que por supuesto no conocía de nada.

Era argentino, como tú.

Vivía en la misma ciudad española que tú.

Tenía una conversación interesante… podría haberme pasado horas simplemente charlando, como me pasaba contigo.


O como los viernes que salgo del ensayo del coro especialmente contenta porque no ha sido un ensayo más, porque me gusta cómo estamos sonando o porque alguien me ha subido el ego al decir lo mucho que le gusta oír mi voz cantando… esa voz de la que ya no estoy satisfecha porque vuelvo a tener miedo al cantar yo sola… esa voz que tú jamás oíste cantar porque me negué a hacerlo para ti. Y es justamente a ti a quien se lo querría contar.


O como cuando leo que va a cantar en Madrid cierto barítono… o su mujer… ambos conocidos (¿amigos?) tuyos…


O como esos días en que voy a un concierto de esos estupendos (ahora porque me invitan), y me emociono, y vuelvo a casa para rumiarlo en silencio porque no tengo a quien comentárselo… o porque cuando se lo cuento a alguien solo me mira con una sonrisa en el mejor de los casos, porque es probable que la anécdota le sea indiferente, o aunque escuche con atención, era como dar una clase, no como compartir una experiencia... o sí, pero de forma incompleta. Ya no te tengo para desmenuzar los mínimos detalles y comentar o comparar lo que me gusta. Tampoco estás para mostrarme y enseñarme más sobre música antigua. Ni para hablar de música coral.


Tampoco estás ahí hoy que, después del concierto al que he asistido, me vuelve a surgir la inquietud y querría intentar… quizá cantar en otro coro más… en un estilo diferente… más del tipo que ambos adorábamos… y así cumplir lo que entre bromas me dijiste en una ocasión.


A veces, y a pesar de todo, intento buscarte. No me resigno a que desaparezcas del todo. Quiero saber que sigues tan contento como la última vez que me lo contaste, que sigues con tus proyectos y que te va bien. Que cumples tus deseos de cantar más como solista, aunque sea en pequeños papeles.


Te busco sin decírtelo. Podría escribirte… pero ¿para qué? Estoy segura de que a eso le seguiría el silencio, como tantas veces. Porque no pudimos mantener esa amistad, no la supimos manejar… tú por una causa y yo por otra… yo porque me apoyé tan fuerte en ti, que tu ausencia me hizo desmoronarme y eso no lo perdoné. O más bien no me lo perdoné.


Y es que te sigo echando de menos.


A veces me pregunto si aún te acuerdas de mi… aunque solo sea “a veces”.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Manías

“En el comienzo sólo era un blog… Y un día llegó Sergio. Y Sergio dijo: Que Nannerl sea nominada. Y la nominación se realizó”.



Y yo (vide supra)… recojo el guante, así, con gallardía.


Confieso (podría ser una de mis manías… pero no váis a tener esa suerte) que los memes con que me he topado anteriormente me han hecho gracia y con buen ánimo he entrado al trapo… salvo una vez que era un test larguíiiiiiiiisimo y me cansé mucho.


Pero bueno, a riesgo de que me que caigan más de estos, y avisando que yo me suelo saltar las normas así, olímpicamente, “porque yo lo valgo”, voy a dar paso a lo que viene siendo… ¿el desafío?


En primer lugar hay que poner las normas…


Reglas

• Enlaza a la persona que te ha nominado.
• Pon las reglas en tu blog.
• Comparte seis cosas, manías, hábitos que tienes.
• Nomina a tres personas como mínimo y enlaza sus blogs.
• Hazles saber que están nominadas con un comentario en sus respectivos blogs.


Os aviso desde ya que me voy a saltar la cuarta norma… Y como ya he cumplido las dos primeras, voy con la tercera.



Seis de mis costumbres que me convierten en el ser especial que soy (olé)


Primera

Me encanta el castellano. Y me gustaría conocer el idioma muchísimo más a fondo, porque descubro en quienes sí tienen un gran dominio del mismo una forma de expresarse que envidio.


Es por esta razón que cualquier cosa que muestre un cierto desdén o desapego al mismo me molesta. Es por esta misma razón que cualquier falta de ortografía me resulta ofensiva… todo, obviamente, tiene su lugar. No me va a resultar así un párrafo o todo un texto escrito en idioma que denominaremos “coloquial” cuando es entre amigos o cuando se está bromeando, y desde luego no voy a culpar a nadie de no acertar con algunas palabras poco o casi nada usadas. Además, nadie es perfecto y los fallos a la hora de escribir existen.


Pero no, señores: voca, zanaoria, búo, paranolla… grrrr, no lo soporto.


Por ello mi cuadrilla (la de Bilbao) me otorgó el mote, que orgullosamente ostento, de “Corrector de internet”.


Por la misma razón, me molesta sobremanera el lenguaje SMS cuando se utiliza fuera de los móviles… en los SMS tienen su razón de ser (decir muchas cosas con pocas letras y ahorrar envíos); fuera de ese ámbito me resultan cansinos.


Segunda

Esta viene de mi época pianística… y como hay que tener en cuenta que yo lo empecé a tocar a los 12 añitos, aunque lleve otros tantos que ya no lo toco apenas, lo cierto es que la manía me dura. Y es… que me resulta imposible dejarme las uñas largas.

No puedo.

En el momento en que crecen un poco, me las corto.

Tampoco me las muerdo… por alguna razón que no acabo de entender, me encuentro incómoda si algún día (las excepciones existen, sí…) me muerdo alguna (aunque para que eso ocurra tiene que haber pasado algo muy raro).


Tercera

Esta también procede de mi época como pianista: cuando me lavo las manos, me las tengo que secar “a conciencia”. Es decir, que queden totalmente secas.


Esto era porque el País Vasco es muy húmedo, y en verano es especialmente incómodo, parece que uno está sudado todo el rato. Y tocar el piano con las manos sudadas me resultaba insoportable, así que en los meses veraniegos me las lavaba continuamente y siempre llevaba una especie de ritual (nada complejo: consistía en secar dedo a dedo) para asegurarme de que quedaban bien secas… Ahora el ritual es menos exhaustivo. Pero lo sigo haciendo.


Cuarta

Cualquiera que se haya sentado a mi lado, bien estudiando o bien en el trabajo, habrá descubierto mi cuarta manía… salvo los que se aislen acústicamente con sus iPods o mp3 (y no miraré a nadie, jeje).


Murmuro. Muchísimo.

Y como mi tono de voz, salvo cuando me enfado, es bajito, mis compañeros no saben si les estoy hablando a ellos o simplemente estoy hablando conmigo misma. Bueno, en realidad cuando murmuro no es que hable conmigo misma, que puede que sí, sino que le puedo hablar a cualquier cosa que tenga delante, ya sea un frigorífico, un PC, la tele, una mesa o el café caliente.


Quinta

Tengo prontos. O “mala leche” según otros autores. De hecho, tengo MUY mala leche, y a veces respondo de forma muy seca, haciéndolo realmente a conciencia; otras simplemente me sale una respuesta brusca. De este tema ya he hablado más o menos, así que no voy a hacer más hincapié.


Sexta

Algo que no puedo evitar cuando me lavo los dientes es, al terminar, tomar un trago de agua. No sé… me da un gusto, un frescor, que me encanta; y por ello se convirtió en hábito y de ahí a acto reflejo.


Inocuo, ¿verdad?


Pues no lo fue tanto aquel julio que nos fuimos de gira una semana por Francia, e hicimos el trayecto Abbeville (Picardie, cerquita del mítico Calais, Noroeste de Francia) a Aix-en-Provence (Provenza, al ladito de Marsella, Sudeste de Francia), y a medio camino nos detuvimos a comer, y luego los que nos preocupamos (al menos algo) por nuestra dentadura e higiene bucal procedimos a efectuar dicha limpieza. Había un cartelito en francés, que tampoco es que haya que ser Sherlock Holmes para descifrarlo, entre múltiples razones porque incluía una señal que indicaba claramente que el agua de los grifos del baño NO era potable.


Y con cuidado me lavé los dientes. Y con cuidado (o no) tomé mi trago de agua. Caí en la cuenta de ello justo cuando ya lo había hecho… aunque pensé “no será para tanto…”


Las horas que pasé esa noche en el “toilet” ya os podéis imaginar cómo, justificaron de sobra la advertencia. Mi gesto al día siguiente por las calles de Aix-en-Provence, que una compañera definió como “contrariado”, lo corroboró.


Pues hasta aquí he llegado…


Y ahora me toca incumplir la cuarta…

Nomino a dos mujeres (y serán dos, no tres), compañeras en la moderación de otro lugar (sí, lo sé… lo tengo bastante abandonado, pero que sepáis que sigo entrando y leyendo aunque no escriba, conste). Las nomino porque me caen muy bien, me parece que son personas que merecen la pena y además… me divierte leerlas. Ellas son:


Lari y su Hablemos de Anime (y así viajamos a Canarias… y a veces a Japón)

Laura y su Boulevard of Broken Dreams (y cruzamos el charco para irnos a Argentina)


Y ahora, con vuestro permiso, me voy a cumplir la quinta...

jueves, 14 de febrero de 2008

San Valentín

Bueeeeeeeno... hoy voy a escribir un poco aprovechando el día que es.

No porque crea en la festividad esta, porque entre que no suelo celebrar ninguna "porque sí", y entre que estoy soltera, creo que, definitivamente, "San Valentín" no está hecho para mi. Aún en el supuesto de que no estuviera soltera (o sí, pero emparejada), el hecho de tener que celebrar un día como este me molestaría bastante, porque además siempre me ha parecido un invento que idearon los comerciantes para sacar partido de estas fechas...

Me parece perfecto, eso sí, que quien quiera celebrarlo lo haga, y si además se llena de alegría por ello, solo cabe pedirle que lo intente más a menudo y tal.

Por mi parte, y deseando que en cualquier caso (se celebre o no), se pase un buen día, os dejo el link a un vídeo (vedlo entero, que lo mejor está al final... o si os aburrís, iros al minuto 5:00 y de ahí hasta el final) que me gustó mucho: un fragmento de la ópera francesa de Rameau, "Les Paladins", cuya versión hecha por Les Arts Florissants recomiendo encarecidamente... >:), especialmente para los que no sepan que las puestas en escena en las óperas no tienen por qué ser... "convencionales".

Feliz día...


miércoles, 13 de febrero de 2008

Esas llamaditas inoportunas…

10:45 de la mañana de un día laborable cualquiera.

Estás tomándote el café de media mañana o, como suele ser mi caso, la fruta para renovar fuerzas y despejarte. Es un buen día y el sol brilla y además no te has muerto de frío en ningún momento al ir a trabajar, no tienes que ir a pelearte con el cliente, no te has echado el primer café de la mañana encima de la ropa y tienes el trabajo justo para no estar ni agobiado ni parado. Estás de buen humor… y tus compañeros también, así que todo discurre bucólicamente (vale, para los escépticos: sí, a veces pasa esto).


Y suena el móvil.


¡Qué bien! Como tienes una idea de la gente que tiene tu número te preguntas cuál de todas esas amistades te estará llamando para cualquier cosita… miras la pantalla para ver si tu duda queda despejada ante este gesto mientras el aparatito algremente anuncia que, de alguna forma, te reclaman. Pero la pantalla no despeja nada porque o bien se ven 11 (ó 12… o más o menos… en cualquier caso “demasiados”) números seguidos que no te dan la menor pista, o el consabido e irritante “oculto”.


Las nubes hacen su aparición sobre el horizonte mientras frunces el ceño. Descuelgas.


- ¿Sí?

- ¿Es usted doña Nannerl?

- Sí, soy yo.

- Hola, le llamo de “Usureros-BANK”, (este es el momento en que uno lanza un suspiro y se prepara para lo peor) y le llamaba para hablarle de una nueva oferta que blau blau blau blau…


… Porque a partir de ese momento da igual lo que diga. Lo más probable es que uno opte por fijarse en cualquier cosa… como en el pajarillo Amarillo, el molusco Pardusco o la mosca Tosca, aunque de largo prefiriera ser la bruja Granuja y lanzar una maldición que, a ser posible, silenciara la irritante voz.


No es así, claro. El monólogo se prolonga hasta que te cuentan una oferta económica que ni has solicitado ni te interesa lo más mínimo. Así que cuando llega el consabido “¿qué opina?” expresas el también consabido “no me interesa”, y generalmente lo encajan bien y todo termina en un “que pase usted un buen día”…


Aunque de cuando en cuando aparece “el valiente”. Y entonces todo se pone más interesante. Porque “el valiente” no se arredra ante tu falta de interés; “el valiente” va a pelear porque esa mierda de oferta la veas como la panacea, y te dirá cosas como “pero bueno, ¿y por qué no te interesa?”, mal humor incluído. Ese es el momento en que uno ha de recordar a “el valiente” que el cliente tiene la última palabra y que ninguna actitud ni persuasiva ni intimidante va a hacerle cambiar de opinión.


Cuelgas.

Qué cosas… >:)


17:30 de la tarde de un sábado cualquiera.


Has decidido quedarte en casa para reponerte del cansancio que has acumulado esa semana. Sentado en el sofá y con los pies en alto y una tacita de café con leche calentito (hecho por tus hábiles manos) aprovechas para leer, o escuchar música o ver algo que realmente te interesa... o cualquier actividad lúdica tranquila.


Y suena el teléfono fijo.


Lo miras con desconfianza (tus amigos te suelen llamar al móvil) y curiosidad, a ver si por el prefijo puedes adivinar de qué provincia te llaman, y de esa forma intuír quién puede ser. Pero no va a haber suerte. En la pantalla solo se lee “Número privado”. El timbre del teléfono fijo es tan estridente que, solo por no aguantarlo, descuelgas.


- ¿Sí?

- ¿Es usted doña Nannerl?

- (Suspiras) Sí, soy yo.

- Le llamo de “TELE-Todo” y quería comentarle que tenemos una oferta para telefonía e internet que blau blau blau blau…

- Oiga... ¿es que usted no tiene vida personal? Es sábado y no me interesa nada de lo que diga.


Mira que son plastas…


Pero la que viene, sin duda, es la mejor.


Lunes, 18:10. Te encuentras guardando la ropa en la taquilla del vestuario del polideportivo al que ¡por fin!, después de habértelo propuesto, te has vuelto a acercar para nadar un rato en la piscina, hacer así un poco de deporte y de paso soltar esa musculatura de la espalda que tras unos días de estrés harían las delicias de un osteópata malhumorado. Tienes programado el resto de la tarde: piscina, compra de víveres y casita. Pensando que lo mejor de la tarde aún está por pasar, sonríes. Tienes el bañador puesto, el gorro encasquetado, las gafas sobre el gorro, la toalla sobre el hombro (sí, las chanclas calzadas), la llave de la taquilla en la muñeca y… suena el móvil.


Un segundo de indecisión. ¿Será “Usureros-BANK-II”? ¿O será una llamada importante? Abres apresuradamente la taquilla, buscas el bolso rezando, mientras oyes la musiquita, para que merezca la pena el esfuerzo y finalmente miras la pantallita con poco entusiasmo.


Pero esta vez… esta vez se lee un nombre.


(No, no… ¡NOOOOOO!… ¿por qué hoy?, ¿por qué ahora que estoy con estas pintas?). Descuelgas.


- ¿Sí?

- Hola, Nannerl. Espero no pillarte en mal momento. ¿Te apetece ir a ver a Sokolov? El concierto es a las 20:00, Sala Sinfónica.

- … (“&$¬@%)

- ¿Nannerl?


Efectivamente, por una vez no me había equivocado al descolgar: lo mejor de la tarde aún estaba por pasar.


Y es que a veces, que las llamadas sean inoportunas no significa que no sean bienvenidas.

martes, 12 de febrero de 2008

Mea Culpa...

… O mingita culpa, según otros autores ... allá ellos.


Es curioso lo que puede dar de sí una conversación con los amigos. Me suelen servir para empezar a darle vueltas a ciertos comentarios… porque sí, mira que hago funcionar el coco incluso (o especialmente) en temas que son poco importantes…


Últimamente he tenido varias conversaciones vía mail (podría definirse casi como chat por la cantidad de ellos en poco tiempo), al final de las cuales he llegado a una conclusión… que poco o nada tenía que ver con el tema a discusión.


El cerebro es realmente curioso… tratas de una cuestión, y él te lleva por otros derroteros cogiendo ideas de aquí y de allá, hilando sibilinamente pensamiento con recuerdo y este con malestar y todo esto sin que te des cuenta... como una novela de Marcel Proust (quien no hizo más que plasmar esta circunstancia…).


Pero vamos al meollo…


Generalmente escribo poco para que los demás lo lean… fuera de los posts en diferentes foros. Y siempre me encuentro con que nada de lo que escribo me gusta. A ver si me explico: nunca he pretendido ser una escritora, pero de ahí a casi no reconocerme en lo que escribo, que es lo que me suele pasar… eso ya no me gusta.


Y he caído en cuál es la razón.


En la mayoría de los posts de algún foro y en los mails personales tiendo a ejercitar la ironía… que es una cualidad que adoro. En las opiniones que escribo, no; me comporto lo más “asépticamente” posible, como si eso me fuera a dar más objetividad. No es cierto, pero sí parece ser verdad que se está más dispuesto a escuchar a quien no tiene una cierta actitud que, para darle una cierta simpatía, denominaré como “bad milk”. Y precisamente por la ausencia de ese “pequeño” punto, casi siempre escribí sobre temas a los que trataba… ¿cómo decirlo?... “técnicamente”, que es lo más neutral y objetivo sin que el resultado me provocara un gran desasosiego (ya que siempre existía, por tener la sensación de haberme quedado a medias).


Pero lo curioso es que yo no era así… ¿Qué ha pasado?


Sencillo...


Que me he dejado arrastrar por los “psicoanálisis baratos” de adoradores de la psicología (en ningún momento psicólogos –que, dicho sea de paso, no son santo de mi devoción precisamente- sino más bien de personas que acuden a ellos por necesidad personal) y que, quizá para sentirse mejor o demostrar lo mucho que habían aprendido en sus sesiones, me analizaban a mi imitando a los profesionales comentando –y juzgando- el que siempre ha sido uno de mis puntos más débiles: mi mala leche.


No dudo de que lo hacían por mi bien… pero es que nadie se lo había pedido. Yo, al menos, no. Pero la culpa fue mía, por escuchar y probar…


Sí, tengo prontos. Sí, soy muy irónica. Sí, soy una borde. Sí, he sufrido por ello porque he sido consciente de herir a la gente que me importaba cuando no lo pretendía (porque si fuera a conciencia me sentiría satisfecha). Pero también es cierto que la gente que me aprecia (y yo aprecio) no presta atención a esos prontos; si se ven influídos por ellos, cualquiera que sea el motivo que me hace tenerlos, siempre lo olvidan, porque siempre me disculpo si creo que están fuera de lugar.


En cualquier caso, creí que tenía que corregir este hecho… y lo intenté. Y lo sigo intentando, aunque no siempre lo logro. De la misma forma, últimamente he estado evitando la ironía –salvo con algunas personas, honrosas excepciones- porque a la gente le desagrada y muchos se sienten heridos.


Puede que esto esté bien en el plano laboral (es bueno mantener la calma si tratas con un cliente… y desde luego es mejor llevarse bien con los compañeros de proyecto, aunque a veces encuentre la curiosa circunstancia de que el resto del mundo sí puede ser irónico en incluso bromista "a mala idea", pero uno mismo no… o quizá es que cuano yo apunto mi dardo lo hago mejor y yerro poco mis tiros... y por eso ofenden y se ofenden)…


Pero en mi vida personal, incluso con compañeros de trabajo pero que no son de proyecto, o ni siquiera laborales, e incluso con mis amigos… ¿cómo obviarlo, cómo deprimir este hecho… si me enorgullece ser así? No, eso no puedo hacerlo. ¡No quiero hacerlo! Porque tratar de ser lo que no soy acaba haciéndome perder más los nervios, y ante ciertos comentarios que me resultan hirientes o molestos (generalmente por su estupidez o maldad hacia otros), en lugar de conseguir el “SET MODE GORE-TEX INTELECTUAL ON”, o “passando di tutti” según otros autores, quizá acompañado de una pequeña dosis de “sarcasmo puro”, lo que consigo es entrar en un bucle de estúpida discusión en la que se olvida (yo incluída) el objeto que la motiva.


La ironía es una muestra de inteligencia, tanto el decirla como el comprenderla. Y se ejercita mucho cuando algo nos molesta (¿y el sarcasmo entonces?, bien, pues también el sarcasmo). Y cualquier muestra de inteligencia me gusta. ¡Es un bien tan escaso!


Y ser borde… así se le llama a ser directo y llamar al pan "pan", y al vino, "vino" y dejar perífrasis (bueno, estas quizá no estuvieran mal si se usaran bien) y eufemismos de lado. En fin, todo va unido.


Pues bien, esto no es una página de opinión, es un blog. Vaya, qué cosas… MI blog. Así que no quiero seguir siendo “aséptica”, quiero ser yo misma, y por eso quiero escribir tal y como soy. Por eso no voy a suavizar mi tono si creo que la cuestión lo merece.


Claro que… tampoco es que vaya a cabrearme expresamente para escribir, ¿eh? ;)

jueves, 31 de enero de 2008

Quique

Una de las mejoras cosas que me han sucedido al cambiar de ciudad de residencia es... haber conocido gente nueva.

Je... Dicho así, parece que a la gente del lugar anterior ya la tuviera muy vista... que tampoco es que sea verdad. Pero sí es cierto que llegó un momento en que esa fue la sensación que tuve. Y si encima te gusta moverte en el mundo en el que yo me movía, lo cierto es que las caras sí las tenía más que vistas.

El cambio me llegó con la curiosidad lógica, y sobre todo con las ganas de sacar todo adelante (vamos, mi vida), de comenzar una nueva etapa y sobre todo de aprovecharla.

Y Quique... fue una de las primeras personas a las que conocí cuando me instalé donde vivo ahora.

Hombre, tiene su lógica. Trabajamos en la misma empresa y me asignaron al mismo proyecto al que a él le habían destinado. Sin embargo, y a pesar de que nos sentábamos el uno frente al otro, creo que me costó algo más de un mes empezar a conocerle de verdad.

¿Cómo podría definirle... así, a bote pronto, en una palabra?

...

...

...

(Estos son los momentos en los que maldigo no conocer tan profundamente como otros nuestro idioma, porque estoy segura de que existe la palabra que resume todo lo que me viene a la cabeza).

Excelente

Sí, esa es. O a mi me resultó una persona así. ¿Por qué?

Pues porque tiene cualidades que yo admiro en las personas.

Cualidades tales como... veamos... saber escuchar a los demás, y captar su punto de vista; ser valiente como para decirte que discrepa de lo que dices, sin que lo haga como dogma de fé; ser capaz de hablar tanto de temas banales como de temas interesantes; ser muy inteligente; ser capaz de apreciar a las personas mordaces e irónicas; ser una persona en la que puedes confiar; ser, además, una buena persona.
Y seguro que me dejo más cualidades que tengo presentes y que (¡¡vaya!!) se me olvidan al definirle.

De lo que no me olvido es que... además de ser ingeniero (como yo... aunque no como yo, porque él es aeronáutico y yo industrial)... es un artista. Es actor.

Y para mi, no lo hace nada mal.

El miércoles 30 de enero fui, junto con otros compañeros, a verle actuar. Era una obra cómica y... ¡¡vaya que si nos reímos!!. La obra era "Golpe de Estado", obra que no voy a destripar porque no es el momento y además seguro que la vuelven a representar (y habrá que animarse a ir, hombre, que se pasa un buen rato). Lo que sí voy a dejar es la portada del programa de mano de la obra... y decir que el que está aquí debajo... es él:



JAJAJAJA, no me digáis que no está gracioso... :)

Y ahora es cuando me pongo seria y explico por qué he elegido a Quique como primera persona a quien le dedico una entrada.
Pues le escojo expresamente porque, a partir del día 8 de Febrero, Quique dejará de trabajar como ingeniero y se dedicará finalmente a ser actor... o al menos lo intentará.

A mi me da mucha pena, porque se va una de las personas a las que más aprecio tengo, y aunque eso no significa que pierda contacto con él, sí es cierto que... no es lo mismo.
Porque ya no va a estar a cinco metros de donde estoy yo, y no voy a poder ir a contarle las anécdotas que me hacen reír o que me molestan, o que simplemente quiero comentar... y comentárselas a él porque sé que él lo va a entender... porque él es de los míos.

(Qué egoísta soy, hay que ver, jajaja.)

Creo que el paso que va a dar es muy arriesgado, y a veces... a veces creo que se equivoca. Quizá eso se debe a mi propia reticencia a aceptar que le voy a dejar de tener a mano.

Pero sí pienso, incluso en los momentos en los que creo lo segundo, que si tan convencido está de que puede hacerlo y de que ese es su camino, entonces lo tiene que intentar. Para que no tenga que decir nunca, si alguna vez mira hacia atrás, "¿por qué no lo intenté?". Además, cada uno tiene que buscar su destino, y yo siempre digo aquello de:

"Caminante no hay camino
se hace camino al andar."

Espero que si alguna vez mira hacia atras, además de "estelas en la mar", vea a los que le conocimos y aprendimos a estimarle...

Muchísima suerte, Quique. O mejor... ¡¡mucha mierda!! ;)