… O mingita culpa, según otros autores ... allá ellos.
Es curioso lo que puede dar de sí una conversación con los amigos. Me suelen servir para empezar a darle vueltas a ciertos comentarios… porque sí, mira que hago funcionar el coco incluso (o especialmente) en temas que son poco importantes…
Últimamente he tenido varias conversaciones vía mail (podría definirse casi como chat por la cantidad de ellos en poco tiempo), al final de las cuales he llegado a una conclusión… que poco o nada tenía que ver con el tema a discusión.
El cerebro es realmente curioso… tratas de una cuestión, y él te lleva por otros derroteros cogiendo ideas de aquí y de allá, hilando sibilinamente pensamiento con recuerdo y este con malestar y todo esto sin que te des cuenta... como una novela de Marcel Proust (quien no hizo más que plasmar esta circunstancia…).
Pero vamos al meollo…
Generalmente escribo poco para que los demás lo lean… fuera de los posts en diferentes foros. Y siempre me encuentro con que nada de lo que escribo me gusta. A ver si me explico: nunca he pretendido ser una escritora, pero de ahí a casi no reconocerme en lo que escribo, que es lo que me suele pasar… eso ya no me gusta.
Y he caído en cuál es la razón.
En la mayoría de los posts de algún foro y en los mails personales tiendo a ejercitar la ironía… que es una cualidad que adoro. En las opiniones que escribo, no; me comporto lo más “asépticamente” posible, como si eso me fuera a dar más objetividad. No es cierto, pero sí parece ser verdad que se está más dispuesto a escuchar a quien no tiene una cierta actitud que, para darle una cierta simpatía, denominaré como “bad milk”. Y precisamente por la ausencia de ese “pequeño” punto, casi siempre escribí sobre temas a los que trataba… ¿cómo decirlo?... “técnicamente”, que es lo más neutral y objetivo sin que el resultado me provocara un gran desasosiego (ya que siempre existía, por tener la sensación de haberme quedado a medias).
Pero lo curioso es que yo no era así… ¿Qué ha pasado?
Sencillo...
Que me he dejado arrastrar por los “psicoanálisis baratos” de adoradores de la psicología (en ningún momento psicólogos –que, dicho sea de paso, no son santo de mi devoción precisamente- sino más bien de personas que acuden a ellos por necesidad personal) y que, quizá para sentirse mejor o demostrar lo mucho que habían aprendido en sus sesiones, me analizaban a mi imitando a los profesionales comentando –y juzgando- el que siempre ha sido uno de mis puntos más débiles: mi mala leche.
No dudo de que lo hacían por mi bien… pero es que nadie se lo había pedido. Yo, al menos, no. Pero la culpa fue mía, por escuchar y probar…
Sí, tengo prontos. Sí, soy muy irónica. Sí, soy una borde. Sí, he sufrido por ello porque he sido consciente de herir a la gente que me importaba cuando no lo pretendía (porque si fuera a conciencia me sentiría satisfecha). Pero también es cierto que la gente que me aprecia (y yo aprecio) no presta atención a esos prontos; si se ven influídos por ellos, cualquiera que sea el motivo que me hace tenerlos, siempre lo olvidan, porque siempre me disculpo si creo que están fuera de lugar.
En cualquier caso, creí que tenía que corregir este hecho… y lo intenté. Y lo sigo intentando, aunque no siempre lo logro. De la misma forma, últimamente he estado evitando la ironía –salvo con algunas personas, honrosas excepciones- porque a la gente le desagrada y muchos se sienten heridos.
Puede que esto esté bien en el plano laboral (es bueno mantener la calma si tratas con un cliente… y desde luego es mejor llevarse bien con los compañeros de proyecto, aunque a veces encuentre la curiosa circunstancia de que el resto del mundo sí puede ser irónico en incluso bromista "a mala idea", pero uno mismo no… o quizá es que cuano yo apunto mi dardo lo hago mejor y yerro poco mis tiros... y por eso ofenden y se ofenden)…
Pero en mi vida personal, incluso con compañeros de trabajo pero que no son de proyecto, o ni siquiera laborales, e incluso con mis amigos… ¿cómo obviarlo, cómo deprimir este hecho… si me enorgullece ser así? No, eso no puedo hacerlo. ¡No quiero hacerlo! Porque tratar de ser lo que no soy acaba haciéndome perder más los nervios, y ante ciertos comentarios que me resultan hirientes o molestos (generalmente por su estupidez o maldad hacia otros), en lugar de conseguir el “SET MODE GORE-TEX INTELECTUAL ON”, o “passando di tutti” según otros autores, quizá acompañado de una pequeña dosis de “sarcasmo puro”, lo que consigo es entrar en un bucle de estúpida discusión en la que se olvida (yo incluída) el objeto que la motiva.
La ironía es una muestra de inteligencia, tanto el decirla como el comprenderla. Y se ejercita mucho cuando algo nos molesta (¿y el sarcasmo entonces?, bien, pues también el sarcasmo). Y cualquier muestra de inteligencia me gusta. ¡Es un bien tan escaso!
Y ser borde… así se le llama a ser directo y llamar al pan "pan", y al vino, "vino" y dejar perífrasis (bueno, estas quizá no estuvieran mal si se usaran bien) y eufemismos de lado. En fin, todo va unido.
Pues bien, esto no es una página de opinión, es un blog. Vaya, qué cosas… MI blog. Así que no quiero seguir siendo “aséptica”, quiero ser yo misma, y por eso quiero escribir tal y como soy. Por eso no voy a suavizar mi tono si creo que la cuestión lo merece.
Claro que… tampoco es que vaya a cabrearme expresamente para escribir, ¿eh? ;)

3 comentarios:
Claro que si Nannerl, tu no te cortes y menos en tu casa!
Además qué gracia tendría tu blog si ni siquiera te ves reflejada en él?
No se si te gustará Perez-Reverte, pero sus epístolas en Patente de Corso me parecen geniales, y no lo serían tanto si no destilaran la mala leche que de hecho impulsa su existencia. Para muestra
un botón.
Ups, el link correcto aqui!
Jeje, claro que me gusta.
Al menos cuando caía en mis manos "El Semanal" siempre le leía. Esa mala leche especial siempre me ha gustado.
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