Hay días que te recuerdo.
Como el viernes pasado, celebrando un cumpleaños, cuando se me acercó uno del grupo, al que por supuesto no conocía de nada.
Era argentino, como tú.
Vivía en la misma ciudad española que tú.
Tenía una conversación interesante… podría haberme pasado horas simplemente charlando, como me pasaba contigo.
O como los viernes que salgo del ensayo del coro especialmente contenta porque no ha sido un ensayo más, porque me gusta cómo estamos sonando o porque alguien me ha subido el ego al decir lo mucho que le gusta oír mi voz cantando… esa voz de la que ya no estoy satisfecha porque vuelvo a tener miedo al cantar yo sola… esa voz que tú jamás oíste cantar porque me negué a hacerlo para ti. Y es justamente a ti a quien se lo querría contar.
O como cuando leo que va a cantar en Madrid cierto barítono… o su mujer… ambos conocidos (¿amigos?) tuyos…
O como esos días en que voy a un concierto de esos estupendos (ahora porque me invitan), y me emociono, y vuelvo a casa para rumiarlo en silencio porque no tengo a quien comentárselo… o porque cuando se lo cuento a alguien solo me mira con una sonrisa en el mejor de los casos, porque es probable que la anécdota le sea indiferente, o aunque escuche con atención, era como dar una clase, no como compartir una experiencia... o sí, pero de forma incompleta. Ya no te tengo para desmenuzar los mínimos detalles y comentar o comparar lo que me gusta. Tampoco estás para mostrarme y enseñarme más sobre música antigua. Ni para hablar de música coral.
Tampoco estás ahí hoy que, después del concierto al que he asistido, me vuelve a surgir la inquietud y querría intentar… quizá cantar en otro coro más… en un estilo diferente… más del tipo que ambos adorábamos… y así cumplir lo que entre bromas me dijiste en una ocasión.
A veces, y a pesar de todo, intento buscarte. No me resigno a que desaparezcas del todo. Quiero saber que sigues tan contento como la última vez que me lo contaste, que sigues con tus proyectos y que te va bien. Que cumples tus deseos de cantar más como solista, aunque sea en pequeños papeles.
Te busco sin decírtelo. Podría escribirte… pero ¿para qué? Estoy segura de que a eso le seguiría el silencio, como tantas veces. Porque no pudimos mantener esa amistad, no la supimos manejar… tú por una causa y yo por otra… yo porque me apoyé tan fuerte en ti, que tu ausencia me hizo desmoronarme y eso no lo perdoné. O más bien no me lo perdoné.
Y es que te sigo echando de menos.
A veces me pregunto si aún te acuerdas de mi… aunque solo sea “a veces”.

1 comentario:
Creeme que entiendo ese sentimiento, el de echar de menos a alguien.
Momentos, lugares, fragancias, canciones, silencios que traen tantos recuerdos y ojala el olvido fuera mas "completo" en la vida de uno, pero pareciera como si los recuerdos pesaran mas que cualquier otro sentimiento aun intentando olvidar...Pero creo que por algo los recuerdos siguen vivos en nuestras mentes.
Te entiendo totalmente...
Pasaba a saludar, ando media desaparecida pero me hago de un tiempo para escribir, lei sobre tu juego de las "Manias" y quiero que sepas que tengo pensando hacerlo en mi Blog, solo que ultimamente no he tenido tiempo de hacerlo, me pareció interesante el proyecto ese "inter-blog" y lo quiero hacer de la mejor manera posible y con tiempo.
Espero que sigas bien, aca en Argentina alguien te piensa de vez en cuando y se acuerda de vos.
Besos!
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