miércoles, 13 de febrero de 2008

Esas llamaditas inoportunas…

10:45 de la mañana de un día laborable cualquiera.

Estás tomándote el café de media mañana o, como suele ser mi caso, la fruta para renovar fuerzas y despejarte. Es un buen día y el sol brilla y además no te has muerto de frío en ningún momento al ir a trabajar, no tienes que ir a pelearte con el cliente, no te has echado el primer café de la mañana encima de la ropa y tienes el trabajo justo para no estar ni agobiado ni parado. Estás de buen humor… y tus compañeros también, así que todo discurre bucólicamente (vale, para los escépticos: sí, a veces pasa esto).


Y suena el móvil.


¡Qué bien! Como tienes una idea de la gente que tiene tu número te preguntas cuál de todas esas amistades te estará llamando para cualquier cosita… miras la pantalla para ver si tu duda queda despejada ante este gesto mientras el aparatito algremente anuncia que, de alguna forma, te reclaman. Pero la pantalla no despeja nada porque o bien se ven 11 (ó 12… o más o menos… en cualquier caso “demasiados”) números seguidos que no te dan la menor pista, o el consabido e irritante “oculto”.


Las nubes hacen su aparición sobre el horizonte mientras frunces el ceño. Descuelgas.


- ¿Sí?

- ¿Es usted doña Nannerl?

- Sí, soy yo.

- Hola, le llamo de “Usureros-BANK”, (este es el momento en que uno lanza un suspiro y se prepara para lo peor) y le llamaba para hablarle de una nueva oferta que blau blau blau blau…


… Porque a partir de ese momento da igual lo que diga. Lo más probable es que uno opte por fijarse en cualquier cosa… como en el pajarillo Amarillo, el molusco Pardusco o la mosca Tosca, aunque de largo prefiriera ser la bruja Granuja y lanzar una maldición que, a ser posible, silenciara la irritante voz.


No es así, claro. El monólogo se prolonga hasta que te cuentan una oferta económica que ni has solicitado ni te interesa lo más mínimo. Así que cuando llega el consabido “¿qué opina?” expresas el también consabido “no me interesa”, y generalmente lo encajan bien y todo termina en un “que pase usted un buen día”…


Aunque de cuando en cuando aparece “el valiente”. Y entonces todo se pone más interesante. Porque “el valiente” no se arredra ante tu falta de interés; “el valiente” va a pelear porque esa mierda de oferta la veas como la panacea, y te dirá cosas como “pero bueno, ¿y por qué no te interesa?”, mal humor incluído. Ese es el momento en que uno ha de recordar a “el valiente” que el cliente tiene la última palabra y que ninguna actitud ni persuasiva ni intimidante va a hacerle cambiar de opinión.


Cuelgas.

Qué cosas… >:)


17:30 de la tarde de un sábado cualquiera.


Has decidido quedarte en casa para reponerte del cansancio que has acumulado esa semana. Sentado en el sofá y con los pies en alto y una tacita de café con leche calentito (hecho por tus hábiles manos) aprovechas para leer, o escuchar música o ver algo que realmente te interesa... o cualquier actividad lúdica tranquila.


Y suena el teléfono fijo.


Lo miras con desconfianza (tus amigos te suelen llamar al móvil) y curiosidad, a ver si por el prefijo puedes adivinar de qué provincia te llaman, y de esa forma intuír quién puede ser. Pero no va a haber suerte. En la pantalla solo se lee “Número privado”. El timbre del teléfono fijo es tan estridente que, solo por no aguantarlo, descuelgas.


- ¿Sí?

- ¿Es usted doña Nannerl?

- (Suspiras) Sí, soy yo.

- Le llamo de “TELE-Todo” y quería comentarle que tenemos una oferta para telefonía e internet que blau blau blau blau

- Oiga... ¿es que usted no tiene vida personal? Es sábado y no me interesa nada de lo que diga.


Mira que son plastas…


Pero la que viene, sin duda, es la mejor.


Lunes, 18:10. Te encuentras guardando la ropa en la taquilla del vestuario del polideportivo al que ¡por fin!, después de habértelo propuesto, te has vuelto a acercar para nadar un rato en la piscina, hacer así un poco de deporte y de paso soltar esa musculatura de la espalda que tras unos días de estrés harían las delicias de un osteópata malhumorado. Tienes programado el resto de la tarde: piscina, compra de víveres y casita. Pensando que lo mejor de la tarde aún está por pasar, sonríes. Tienes el bañador puesto, el gorro encasquetado, las gafas sobre el gorro, la toalla sobre el hombro (sí, las chanclas calzadas), la llave de la taquilla en la muñeca y… suena el móvil.


Un segundo de indecisión. ¿Será “Usureros-BANK-II”? ¿O será una llamada importante? Abres apresuradamente la taquilla, buscas el bolso rezando, mientras oyes la musiquita, para que merezca la pena el esfuerzo y finalmente miras la pantallita con poco entusiasmo.


Pero esta vez… esta vez se lee un nombre.


(No, no… ¡NOOOOOO!… ¿por qué hoy?, ¿por qué ahora que estoy con estas pintas?). Descuelgas.


- ¿Sí?

- Hola, Nannerl. Espero no pillarte en mal momento. ¿Te apetece ir a ver a Sokolov? El concierto es a las 20:00, Sala Sinfónica.

- … (“&$¬@%)

- ¿Nannerl?


Efectivamente, por una vez no me había equivocado al descolgar: lo mejor de la tarde aún estaba por pasar.


Y es que a veces, que las llamadas sean inoportunas no significa que no sean bienvenidas.

2 comentarios:

Lari-chan dijo...

jajaja, bueno mujer, eso nos pasa a todos xD

Yo si el numero es privado directamente no lo cojo... pero si lo hago tengo dos excusas perfectas:

1. Pongo voz tierna y digo que: "es que mis papis no están en casa" xDDDDDDD

o

2. Mire, perdone.. es que estoy cuidando a los niños, yo no vivo aquí xD

jajajaja

Suerte y no desesperes ;)

Nannerl dijo...

No, no desespero. De hecho, no me estoy quejando... me estoy descojonando.
O_o